lunes, 27 de septiembre de 2010

Prisciliano

(Prisciliano. Ceras sobre papel. Sergio Vázquez)

Tras ser decapitado, se convirtió en el primer hereje ajusticiado por la iglesia a través de una institución civil.

Sus adeptos se encontraban en reuniones nocturnas celebradas en un bosque o cuevas, y allí bailaban como parte de la liturgia, en la que participaban tanto hombres como mujeres. No comulgaban con pan y vino, sino con leche y uvas. Además, creían en el emanantismo, es decir, en que el alma surge de una especie de almacén y desciende luego al mundo material donde, inevitablemente es corrompida por el maligno.

Prisciliano nació en Gallaecia – noroccidente peninsular que comprendía las actuales Galicia y Asturias – alrededor del 340, y a los treinta y nueve años comenzó a predicar doctrinas heréticas, si bien ya se había aficionado a la magia desde su juventud.
Empeñado en propagar la gnosis y el maniqueísmo, este hijo de familia noble se ganó a miembros de su clase y a plebeyos, incluso a obispos, como Instancio y Salviano. El priscilianismo se extendió en seguida de Gallaecia a Lusitania, y de allí a la Bética, de modo que en el año 380 se reunió un concilio en Zaragoza para atajar sus progresos.
Fueron excomulgados los prelados Instancio y Salviano y los laicos Helpidio y Prisciliano. Poco después, los dos prelados excomulgados elevaron anticanónica y tumultuariamente a la silla de Ávila a Prisciliano. Así las cosas, el metropolitano de Mérida, Idacio, y el obispo Itacio acudieron a los jueces imperiales. Éstos arrojaron de las iglesias a algunos priscilianistas, y el mismo emperador Graciano decretó en 381 el destierro de los herejes hispanos.
 Papa San Dámaso
Parecía que las aguas volvían a su cauce, pero al año siguiente, Prisciliano, Instancio y Salviano fueron a Roma para que el Papa, san Dámaso, revocara la excomunión. Por supuesto el pontífice se negó a concederles audiencia. Finalmente, aprovechando la ausencia de Graciano, convencieron a su magister officiorum de que anulara el decreto imperial, Satisfecho, el grupo volvió a Hispania y consiguió que Itacio fuera acusado de perturbador de la iglesia; tras ser detenido, el obispo antipriscilianista se vio obligado a huir a Tréveris. En el año 383, el hispano Magno Clemente Máximo, gobernador de Britannia, cruzó las Galias, y sus 130.000 soldados hicieron huir al emperador Graciano, siendo Máximo nombrado nuevo emperador de Occidente. Esto no agradó a Teodosio, emperador de Oriente, de modo que buscó el apoyo de la Iglesia. Máximo condenó el priscilianismo, pero la aplicación de una sentencia por herejía implicaba la confiscación por el Estado de los templos de la secta, lo que no interesaba a la jerarquía eclesiástica ni servía a los intereses del Emperador. La solución sería recurrir a un proceso judicial que condenara a los obispos relapsos por brujería, lo que incluía requisar las propiedades personales de los acusados. 

Se convocó un nuevo concilio en Burdeos, al que acudieron Prisciliano y sus discípulos. En él se condenó de nuevo la herejía, pero se obtuvo la deposición de Instancio de su sede.
Prisciliano abandonó el cónclave para dirigirse a Tréveris, donde Máximo había establecido su corte, para convencerle de que mediara en su favor, sin saber que Itacio ya planeaba acabar con su vida.
En el año 385 Prisciliano llegó a Tréveris, donde fue acusado por Evodio, prefecto del Emperador, de practicar rituales mágicos.

Prisciliano confesó bajo una enorme tortura y fue decapitado junto a seis seguidores.
Se convertía así en el primer hereje ajusticiado por la Iglesia a través de una institución civil.

 (Gallicea)

En el año 388 se recogieron los restos de Prisciliano de la iglesia de Tréveris para ser introducidos en un sarcófago de piedra que fue trasladado en una embarcación hasta las costas gallegas. Una vez allí, se llevó tierra adentro a través de una desembocadura del río Ulla y luego fue transportado hasta Iría Flavia (hoy Padrón). Por fin, los restos del hereje se depositaron en la necrópolis céltico-romana de Amaea, dentro de los límites de la diócesis de Iria.

Siglos más tarde, en los alrededores del cementerio emergería la ciudad de Compostela, lo cual daría pábulo en 1900 a la duda de si los restos depositados en la catedral son del apóstol Santiago o los de Prisciliano.
Y es que el ese año, el hagiógrafo Louis Duchesne publicaba en la revista francesa de Toulouse, “Annales du Midi”, un artículo titulado “Saint Jacques en Galice”, sugiriendo que quien realmente estaba enterrado en Compostela es el obispo heterodoxo.

Se trata de una hipótesis poco consistente, muy popular, de la que se hicieron eco Claudio Sánchez-Albornoz y Miguel de Unamuno.

1 Comment:

Laura Uve said...

¡¡Qué interesante!! Algo sabía de él y sus seguidores, pero me permites, con tu entrada, conocer mejor esta herejía. El critianismo de los primeros trescientos o cuatrocientos años, es muy interesante y rico en planteamientos. Las mujeres además tenían todavía un gran protagonismo y enriquecían este planteamiento religioso.

Un abrazo.

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