viernes, 5 de noviembre de 2010

Miguel De Molinos

(Miguel de Molinos)

En su “Guía espiritual”, Miguel de Molinos proponía la aniquilación personal como espacio de relación con Dios.

El aragonés Miguel de Molinos ha pasado a la Historia como hereje, fundador de la corriente espiritual heterodoxa denominada quietismo, y uno de los mejores escritores de la lengua española. Además, su obra española, la Guía Espiritual, fue en su época un auténtico best-seller que se tradujo al latín, francés, alemán e inglés, y del que, en quince años, se hicieron varias ediciones. 
La influencia del molinosismo se extendió por naciones católicas y protestantes, pero Molinos no fue profeta en su tierra. 

El que Marcelino Menéndez Pelayo llamó “clérigo oscuro" en su Historia de los heterodoxos españoles nació el 30 de junio de 1628 en Muniesa, diócesis de Zaragoza, y hoy provincia de Teruel. 

De los dieciocho años a los treinta y cuatro se estableció en Valencia, estudiando en el Colegio de San Pablo de los jesuitas. Allí se doctoró en teología, ordenándose sacerdote. Fue beneficiado de la iglesia de San Andrés de Valencia, beneficio instituido por su compatriota de Muniesa Bernardo de Murcia, a la muerte de su anterior titular Juan Cabañero.

En 1663, la Diputación le nombró postulador en Roma para promover un proceso de beatificación. 
En la Ciudad Eterna transcurrió el resto de su vida, haciéndose famoso como predicador, confesor y director espiritual para, al fin, hundirse definitivamente en el descrédito. En 1675 empezará a ser conocido como escritor gracias al Breve tratado de la comunión cotidiana y la Guía espiritual que desembaraza el alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y la interior paz.
El primero es un librito carente hoy de interés: el segundo constituirá la gloria y la ruina de Molinos. 
La Guía espiritual representa el último escalón de la tradición mística española, que tiene como máximos precedentes a Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. “El camino para llegar a aquel estado de ánimo reformado, por donde inmediatamente se llega al sumo bien, a nuestro primer origen y suma paz, es nada”. Así dice la Guía proponiendo la aniquilación personal como espacio de relación con Dios. 

(El Papa Inocencio XI)


Tan curiosa doctrina sobre la oración mental ganó numerosos adeptos, y no solo en conventos. El aragonés trabó amistad entre otros, con la ex reina Cristina de Suecia, el cardenal d’Estrées, que luego fue su enemigo, y el papa Inocencio XI. 

En 1678, movidos en parte por la envidia, los jesuitas Gotardo Bell’Uomo y Paolo Segneri criticaron las teorías de Molinos y pusieron sobre aviso a la Inquisición; para salir al paso de sus acusaciones, éste escribió en 1680 Defensa de la contemplación, que no vio la luz. La Guía espiritual fue también denunciada por el cardenal d’Estrées, embajador en Roma del rey Luis XIV, que consideraba a los quietistas un elemento a favor de la casa de Austria y contra Francia.

 Molinos fue detenido por la Inquisición el 18 de julio de 1685 y su proceso se prolongó dos años. 

 (Paolo Segneri)

(El cardenal d’Estrées en un retrato de 1658)

El 13 de septiembre de 1687 tuvo lugar el acto de abjuración solemne en la Iglesia de Santa María Sopra Minerva: ante 23 cardenales pidió perdón u abjuró de sus errores. Fue condenado “por inmoralidad y heterodoxia” a prisión perpetua. El 20 de noviembre de aquel año, Inocencio XI publicaba la bula Coelesti Pastor condenando 68 proposiciones molinosistas por “heréticas”, “blasfemas”, “subversivas”…

Conducido de la mazmorra a un monasterio de Roma, moría 28 de diciembre de 1696.

 (La Inquisición española se valía de numerosas torturas para interrogar)

Un proceso con morbo
Dado que fue imposible conseguir pruebas de las supuestas desviaciones doctrinales del aragonés mediante el examen escrupuloso de la Guía espiritual el Santo Oficio recurrió a la tortura para que Miguel de Molinos confesara cualquier cosa que se le imputara. 
Como a fines del siglo XVIII los funcionarios de la Inquisición destruyeron las actas de su proceso para que no cayera en manos de los franceses, se desconoce el contenido de las acusaciones. Algunas de las confesiones extraídas por los inquisidores podrían estar enumeradas en un escrito del obispo de Téano, Giusseppe María Giberti, quien en 1687 consiguió su Ragguaglio della pessima vita di Michele Molinos:  
“No haber observado el ayuno ni viernes ni sábado ni día de vigilia ni de Cuaresma, sino que siempre comía carne y el pescado era solo para aguzarse el apetito, juntamente con la carne. Haber tenido durante dieciocho años seguidos comercio con una mujer (ésta también del Santo Oficio y que cada mañana informaba). Que para conseguir la libido se hacía servir en la mesa y desvestirse por más mujeres desnudas, y otras veces estaba presente para ver mujeres y hombres desnudos entrelazarse juntos y relacionarse.”

Fuente de datos:
*Biografías Desveladas – Luna Martín – (Muy Historia)

1 Comment:

Laura Uve said...

Qué interesante. No conocía al personaje y lo he leído con atención porque siempre me atrae la heterodoxia. ¿Qué sería de la humanidad sin todos los hombres y mujeres que se han salido del camino y han pensado por si mismos? Lo malo es que casi siempre son castigados por ello.

Me gusta mucho tu entrada.

Un abrazo.

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